Llenando tinajas vacías
Juan 2:1-11
Pastor: Domingo Arias 3 / 7 / 10.
En todas las épocas, las bodas han representado un evento de gran significado; Jesús y sus discípulos fueron invitados a unas bodas en la ciudad de Caná, en la región de Galilea.
El escritor del evangelio de Juan, no se detiene en ningún otro detalle de las bodas, sino que va directamente al momento de mayor trascendencia de toda aquella celebración (verso 3) “Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino”
Cuando Jesús está presente, las crisis siempre serán motivos de milagros; es solo su presencia la que puede llenar de significado cualquier ocasión. Allí estaba el novio y la novia, maría la madre de Jesús, como también los discípulos, y muchos otros invitados, pero nada trascendente hubiera pasado si Jesús no hubiera estado en aquel lugar.
En el verso 4 aparece la siguiente expresión “Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora” Este texto ha sido motivo de diferentes interpretaciones. No se trata de una mala respuesta, Jesús jamás irrespetó a su madre; por otro lado ¿Por qué María se lo dijo a Jesús? ¿Fue un simple comentario, o le estaba pidiendo que hiciera algo? Ya Jesús estaba ungido como el Mesías, no tenía que esperar un poder o momento especial para hacer un milagro ¿Hay momentos que los milagros ocurren, pero en otros no?
Versos 6 y 7 “Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.
Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba”
Existe un principio físico que se llama “la impenetrabilidad” el cual enseña que dos cuerpos no pueden ocupar simultáneamente el mismo lugar en el espacio. Para que algo pueda ser llenado, debe estar vacío o debe ser vaciado, es imposible llenar lo que esta lleno ¿Cuál es el mayor anhelo del creyente? ¿Acaso no es ser lleno del Espíritu Santo? Romanos 8:5-6 dice “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”
Creo que a todo creyente le interesa estar lleno del Espíritu Santo, pero ¿Se mantienen pensando en ello? ¿Se mantienen ocupados en las cosas del Espíritu?
Veamos de que cosas necesitamos vaciarnos (Gálatas 5:19-21) “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”
Otro detalle que no podemos pasar por alto, es que las tinajas para poder ser usadas, aparte de estar vacías también tenían que estar limpias. El apóstol Pablo en los versos citados anteriormente nos dice de que cosas tenemos que vaciarnos, pero en II Corintios 7:1, nos dice de que debemos limpiarnos “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”
Para lograr la llenura, primero se necesita pasar por un proceso, pero cuando se logra la llenura, entonces su uso es instantáneo, no es para almacenarlo, sino para darle uso inmediato, tal y como pasó en las bodas de Caná de Galilea (verso 8) “Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron”
El milagro de la transformación requiere dos cosas:
1- La presencia de Jesús.
2- Un recipiente listo para recibirla.
El resultado en aquella boda fue el buen vino (versos 9-10) “Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora”
Ningún vino o cualquier vino, siempre vendrá de nuestro esfuerzo; pero el buen vino siempre vendrá de la presencia y participación del Señor.
¿Qué queremos ser? Simples vasijas, vasijas vacías, vasijas llenas de cualquier cosa, vasijas vacías y sucias, o vasijas que se han vaciado y limpiado para ser llenas del buen vino.