Fundamentalista, y a mucha honra Por César Vidal Manzanares
#1
L3V17a Buenos es alabarte Jehová y cantar Salmos a tu nombre...
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Posted 31 enero 2007 - 11:52
Es curiosa la mutación que experimentan algunas palabras con el paso del tiempo. Nacidas con un trasfondo noble y digno acaban siendo utilizadas por sus adversarios como si de un insulto se tratara pretendiendo descalificar – de manera pobre, dicho sea de paso – a los que no piensan como ellos.
El burgués era un sujeto emprendedor que se caracterizaba en la Edad Media por hacer avanzar a la sociedad mediante la industria y la artesanía y al que debemos algunos de los avances y obras de arte más extraordinarios de los siglos siguientes pero el calificativo, por obra y gracia de las izquierdas, ha terminado convirtiéndose en un insulto e incluso se ha creado un neologismo – aburguesar – para indicar el apoltronamiento vital.
Algo similar ha sucedido lo mismo con la palabra “protestante”. Originalmente, indicaba simplemente a aquellos que daban “testimonio ante” (pro testare en latín) pero el catolicismo lo acuñó como una manera despectiva de referirse a los partidarios de la Reforma del siglo XVI insistiendo más en el aspecto de protesta – supuestamente injustificada - que en el de testimonio. Naturalmente, todo esto se arreglaría con una saludable mezcla de buena fe y conocimiento histórico pero me consta que por muy sana que sea la combinación no siempre es posible.
Es lo que sucede con el término fundamentalista. Que las televisiones, radios y otros medios de comunicación lo utilizan con crasa ignorancia cuando no con evidente mala fe al referirse a las iglesias evangélicas lo sabe cualquiera que no esté cegado por los prejuicios. Por obra y gracia de ese lenguaje políticamente correcto, las iglesias bautistas o pentecostales de la América hispana se convierten en “sectas fundamentalistas” que, por añadidura, avanzan (¡horror!). Además, por si fuera poco, el fundamentalista es un ser fanático, cerrado, intolerante, atrasado y – no me extrañaría nada – bajito, gordo y con calvicie más o menos pronunciada.
La verdad histórica, sin embargo, es que pocos calificativos pueden resultar más honrosos para un evangélico que el de fundamentalista. El término surgió en el protestantismo anglosajón con el trasfondo del Tercer Gran avivamiento (Avivamiento, ¡qué miedo! ¡qué palabra tan fundamentalista!) y tan sólo pretendía reafirmar el valor de determinadas doctrinas cristianas – la inerrancia de las Escrituras, la Segunda Venida de Cristo, la Redención mediante la expiación realizada por Cristo en la cruz, la Resurrección corporal de Cristo y su concepción virginal – frente a la teología modernista que cuestionaba aspectos que, efectivamente, son esenciales para la fe cristiana.
Lejos de mantener una mentalidad estrecha desde un punto de vista denominacional en el seno del fundamentalismo militaban metodistas y reformados, episcopalianos y bautistas y gente de cualquier extracción que estuviera dispuesta a defender el núcleo mínimo del mensaje cristiano. Por supuesto, el fundamentalismo fue objeto de ataques terribles desde su aparición. Para los católicos era una muestra de fanatismo protestante nada dispuesto a someterse a la dogmática nacida en Trento; para sectas como los mormones, la Ciencia cristiana y otras resultaba intolerable en la medida en que negaba revelaciones posteriores. Para los teólogos modernistas parecía algo monstruoso al pretender, por ejemplo, que la Biblia no contenía errores o que la salvación derivaba de la gracia de Dios y se aplicaba por la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo. Desde entonces acá no han cesado los ataques.
Las sectas aborrecen el fundamentalismo porque se enraíza directamente en un mensaje bíblico que choca frontalmente con el suyo. Los católicos lo desprecian porque se opone a toda la teología modernista que, lamentablemente, se ha apoderado de sus seminarios tras el Vaticano II y además porque crece espectacularmente en territorios, como Hispanoamérica, que consideraban coto cerrado hasta el final de los tiempos. Finalmente, los modernistas se sienten enfermos cuando gente que quizá no tiene más formación que la piadosa y continua lectura de la Biblia se atreve a decirles que su teología está tan profundamente enferma como la de los saduceos que negaban la resurrección porque ni conocían las Escrituras ni el poder de Dios.
Teólogos como Tillich – que confesaba que no creía en un Dios personal y que hacía años que no oraba – o Schweitzer – que negaba el sacrificio expiatorio de Cristo, su resurrección y su divinidad afirmando que Jesús había muerto desesperado en la cruz – nunca los pudieron ver pero la verdad es que seguramente eso es más un elogio que un demérito. Personalmente, nunca me he sentido acomplejado de ser un protestante clásico que, por encima de matices denominacionales, cree en el Sola Scriptura, Sola gratia y Solo Christo. Tampoco me causa vergüenza el definirme como fundamentalista porque, diga lo que diga la propaganda ignorante o mal intencionada, pocas cosas más nobles puede hacer un creyente que asentarse en el fundamento de su fe y porque es imposible ser sal y luz en este mundo si se está dispuesto a aguar el mensaje del Evangelio y a apagar velas para satisfacción de progres y bienpensantes.
Yo soy fundamentalista y si me permiten caritativamente mis hermanos el exabrupto, me atrevería a preguntar: ¿Pasa algo?
____
Originalmente por César Vidal
César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo © C. Vidal, Libertad digital, 2003, España. I+CP (www.ICP-e.org)
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"Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" 1 Pedro 3:15
Otras respuestas a este tema
#2
Posted 16 octubre 2008 - 09:37
L3V17a, en Jan 31 2007, 11:52 AM, dijo:
Es curiosa la mutación que experimentan algunas palabras con el paso del tiempo. Nacidas con un trasfondo noble y digno acaban siendo utilizadas por sus adversarios como si de un insulto se tratara pretendiendo descalificar – de manera pobre, dicho sea de paso – a los que no piensan como ellos.
El burgués era un sujeto emprendedor que se caracterizaba en la Edad Media por hacer avanzar a la sociedad mediante la industria y la artesanía y al que debemos algunos de los avances y obras de arte más extraordinarios de los siglos siguientes pero el calificativo, por obra y gracia de las izquierdas, ha terminado convirtiéndose en un insulto e incluso se ha creado un neologismo – aburguesar – para indicar el apoltronamiento vital.
Algo similar ha sucedido lo mismo con la palabra “protestante”. Originalmente, indicaba simplemente a aquellos que daban “testimonio ante” (pro testare en latín) pero el catolicismo lo acuñó como una manera despectiva de referirse a los partidarios de la Reforma del siglo XVI insistiendo más en el aspecto de protesta – supuestamente injustificada - que en el de testimonio. Naturalmente, todo esto se arreglaría con una saludable mezcla de buena fe y conocimiento histórico pero me consta que por muy sana que sea la combinación no siempre es posible.
Es lo que sucede con el término fundamentalista. Que las televisiones, radios y otros medios de comunicación lo utilizan con crasa ignorancia cuando no con evidente mala fe al referirse a las iglesias evangélicas lo sabe cualquiera que no esté cegado por los prejuicios. Por obra y gracia de ese lenguaje políticamente correcto, las iglesias bautistas o pentecostales de la América hispana se convierten en “sectas fundamentalistas” que, por añadidura, avanzan (¡horror!). Además, por si fuera poco, el fundamentalista es un ser fanático, cerrado, intolerante, atrasado y – no me extrañaría nada – bajito, gordo y con calvicie más o menos pronunciada.
La verdad histórica, sin embargo, es que pocos calificativos pueden resultar más honrosos para un evangélico que el de fundamentalista. El término surgió en el protestantismo anglosajón con el trasfondo del Tercer Gran avivamiento (Avivamiento, ¡qué miedo! ¡qué palabra tan fundamentalista!) y tan sólo pretendía reafirmar el valor de determinadas doctrinas cristianas – la inerrancia de las Escrituras, la Segunda Venida de Cristo, la Redención mediante la expiación realizada por Cristo en la cruz, la Resurrección corporal de Cristo y su concepción virginal – frente a la teología modernista que cuestionaba aspectos que, efectivamente, son esenciales para la fe cristiana.
Lejos de mantener una mentalidad estrecha desde un punto de vista denominacional en el seno del fundamentalismo militaban metodistas y reformados, episcopalianos y bautistas y gente de cualquier extracción que estuviera dispuesta a defender el núcleo mínimo del mensaje cristiano. Por supuesto, el fundamentalismo fue objeto de ataques terribles desde su aparición. Para los católicos era una muestra de fanatismo protestante nada dispuesto a someterse a la dogmática nacida en Trento; para sectas como los mormones, la Ciencia cristiana y otras resultaba intolerable en la medida en que negaba revelaciones posteriores. Para los teólogos modernistas parecía algo monstruoso al pretender, por ejemplo, que la Biblia no contenía errores o que la salvación derivaba de la gracia de Dios y se aplicaba por la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo. Desde entonces acá no han cesado los ataques.
Las sectas aborrecen el fundamentalismo porque se enraíza directamente en un mensaje bíblico que choca frontalmente con el suyo. Los católicos lo desprecian porque se opone a toda la teología modernista que, lamentablemente, se ha apoderado de sus seminarios tras el Vaticano II y además porque crece espectacularmente en territorios, como Hispanoamérica, que consideraban coto cerrado hasta el final de los tiempos. Finalmente, los modernistas se sienten enfermos cuando gente que quizá no tiene más formación que la piadosa y continua lectura de la Biblia se atreve a decirles que su teología está tan profundamente enferma como la de los saduceos que negaban la resurrección porque ni conocían las Escrituras ni el poder de Dios.
Teólogos como Tillich – que confesaba que no creía en un Dios personal y que hacía años que no oraba – o Schweitzer – que negaba el sacrificio expiatorio de Cristo, su resurrección y su divinidad afirmando que Jesús había muerto desesperado en la cruz – nunca los pudieron ver pero la verdad es que seguramente eso es más un elogio que un demérito. Personalmente, nunca me he sentido acomplejado de ser un protestante clásico que, por encima de matices denominacionales, cree en el Sola Scriptura, Sola gratia y Solo Christo. Tampoco me causa vergüenza el definirme como fundamentalista porque, diga lo que diga la propaganda ignorante o mal intencionada, pocas cosas más nobles puede hacer un creyente que asentarse en el fundamento de su fe y porque es imposible ser sal y luz en este mundo si se está dispuesto a aguar el mensaje del Evangelio y a apagar velas para satisfacción de progres y bienpensantes.
Yo soy fundamentalista y si me permiten caritativamente mis hermanos el exabrupto, me atrevería a preguntar: ¿Pasa algo?
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<span style='font-size:8pt;line-height:100%'>Originalmente por César Vidal
César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo © C. Vidal, Libertad digital, 2003, España. I+CP (www.ICP-e.org)</span>
Bueno, yo no tengo problema con el fundamentalismo, SIEMPRE Y CUANDO no venga de la mano con una ideología política reaccionaria (miren a Pat Robertson, por ejemplo).
Respeto mucho su celo por defender lo que creen correcto.
Sin embargo, yo prefiero suscribirme a la neo-ortodoxia o al protestantismo neo-evangélico, que acepta las mismas verdades sin desechar los avances en crítica bíblica, en la ciencia, el tema de la evokución, etc.
Saludos,
#3
L3V17a Buenos es alabarte Jehová y cantar Salmos a tu nombre...
L3V17a Buenos es alabarte Jehová y cantar Salmos a tu nombre...
Posted 17 octubre 2008 - 07:15
Adiaphora, en Oct 16 2008, 10:37 PM, dijo:
Respeto mucho su celo por defender lo que creen correcto.
Sin embargo, yo prefiero suscribirme a la neo-ortodoxia o al protestantismo neo-evangélico, que acepta las mismas verdades sin desechar los avances en crítica bíblica, en la ciencia, el tema de la evokución, etc.
Saludos,
Hmmm tema de la Evolución? Tenemos varios epígrafes al respecto, siéntase libre en comunicar su protesta al fundamentalismo en contra de ideas teóricas a luz de la verdadera ciencia. Tenemos varios temas al respecto, desde la Evolución Teista hasta Mecánica Cuántica y Genética...
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"Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" 1 Pedro 3:15
#4
Posted 24 junio 2009 - 07:07
L3V17a, en Jan 31 2007, 01:52 PM, dijo:
Es curiosa la mutación que experimentan algunas palabras con el paso del tiempo. Nacidas con un trasfondo noble y digno acaban siendo utilizadas por sus adversarios como si de un insulto se tratara pretendiendo descalificar – de manera pobre, dicho sea de paso – a los que no piensan como ellos.
El burgués era un sujeto emprendedor que se caracterizaba en la Edad Media por hacer avanzar a la sociedad mediante la industria y la artesanía y al que debemos algunos de los avances y obras de arte más extraordinarios de los siglos siguientes pero el calificativo, por obra y gracia de las izquierdas, ha terminado convirtiéndose en un insulto e incluso se ha creado un neologismo – aburguesar – para indicar el apoltronamiento vital.
Algo similar ha sucedido lo mismo con la palabra “protestante”. Originalmente, indicaba simplemente a aquellos que daban “testimonio ante” (pro testare en latín) pero el catolicismo lo acuñó como una manera despectiva de referirse a los partidarios de la Reforma del siglo XVI insistiendo más en el aspecto de protesta – supuestamente injustificada - que en el de testimonio. Naturalmente, todo esto se arreglaría con una saludable mezcla de buena fe y conocimiento histórico pero me consta que por muy sana que sea la combinación no siempre es posible.
Es lo que sucede con el término fundamentalista. Que las televisiones, radios y otros medios de comunicación lo utilizan con crasa ignorancia cuando no con evidente mala fe al referirse a las iglesias evangélicas lo sabe cualquiera que no esté cegado por los prejuicios. Por obra y gracia de ese lenguaje políticamente correcto, las iglesias bautistas o pentecostales de la América hispana se convierten en “sectas fundamentalistas” que, por añadidura, avanzan (¡horror!). Además, por si fuera poco, el fundamentalista es un ser fanático, cerrado, intolerante, atrasado y – no me extrañaría nada – bajito, gordo y con calvicie más o menos pronunciada.
La verdad histórica, sin embargo, es que pocos calificativos pueden resultar más honrosos para un evangélico que el de fundamentalista. El término surgió en el protestantismo anglosajón con el trasfondo del Tercer Gran avivamiento (Avivamiento, ¡qué miedo! ¡qué palabra tan fundamentalista!) y tan sólo pretendía reafirmar el valor de determinadas doctrinas cristianas – la inerrancia de las Escrituras, la Segunda Venida de Cristo, la Redención mediante la expiación realizada por Cristo en la cruz, la Resurrección corporal de Cristo y su concepción virginal – frente a la teología modernista que cuestionaba aspectos que, efectivamente, son esenciales para la fe cristiana.
Lejos de mantener una mentalidad estrecha desde un punto de vista denominacional en el seno del fundamentalismo militaban metodistas y reformados, episcopalianos y bautistas y gente de cualquier extracción que estuviera dispuesta a defender el núcleo mínimo del mensaje cristiano. Por supuesto, el fundamentalismo fue objeto de ataques terribles desde su aparición. Para los católicos era una muestra de fanatismo protestante nada dispuesto a someterse a la dogmática nacida en Trento; para sectas como los mormones, la Ciencia cristiana y otras resultaba intolerable en la medida en que negaba revelaciones posteriores. Para los teólogos modernistas parecía algo monstruoso al pretender, por ejemplo, que la Biblia no contenía errores o que la salvación derivaba de la gracia de Dios y se aplicaba por la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo. Desde entonces acá no han cesado los ataques.
Las sectas aborrecen el fundamentalismo porque se enraíza directamente en un mensaje bíblico que choca frontalmente con el suyo. Los católicos lo desprecian porque se opone a toda la teología modernista que, lamentablemente, se ha apoderado de sus seminarios tras el Vaticano II y además porque crece espectacularmente en territorios, como Hispanoamérica, que consideraban coto cerrado hasta el final de los tiempos. Finalmente, los modernistas se sienten enfermos cuando gente que quizá no tiene más formación que la piadosa y continua lectura de la Biblia se atreve a decirles que su teología está tan profundamente enferma como la de los saduceos que negaban la resurrección porque ni conocían las Escrituras ni el poder de Dios.
Teólogos como Tillich – que confesaba que no creía en un Dios personal y que hacía años que no oraba – o Schweitzer – que negaba el sacrificio expiatorio de Cristo, su resurrección y su divinidad afirmando que Jesús había muerto desesperado en la cruz – nunca los pudieron ver pero la verdad es que seguramente eso es más un elogio que un demérito. Personalmente, nunca me he sentido acomplejado de ser un protestante clásico que, por encima de matices denominacionales, cree en el Sola Scriptura, Sola gratia y Solo Christo. Tampoco me causa vergüenza el definirme como fundamentalista porque, diga lo que diga la propaganda ignorante o mal intencionada, pocas cosas más nobles puede hacer un creyente que asentarse en el fundamento de su fe y porque es imposible ser sal y luz en este mundo si se está dispuesto a aguar el mensaje del Evangelio y a apagar velas para satisfacción de progres y bienpensantes.
Yo soy fundamentalista y si me permiten caritativamente mis hermanos el exabrupto, me atrevería a preguntar: ¿Pasa algo?
____
<span style='font-size:8pt;line-height:100%'>Originalmente por César Vidal
César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo © C. Vidal, Libertad digital, 2003, España. I+CP (www.ICP-e.org)</span>
Totalmente de acuerdo contigo hermano ¡ que bueno encontrar hermanos fundamentalistas!
Dios te bendice

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